Los abanicos

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Los abanicos

Mensaje  Raisah el Miér Jun 09, 2010 9:20 am

ORIGEN

El abanico (en japonés 扇子, sensu) se originó en Japón. Es un instrumento y complemento de moda que fue inventado y fabricado para que de forma manual pudiese mover aire y facilitar la refrigeración. Su funcionamiento es muy sencillo, sin embargo su fabricación es delicada ya que se le incorporan ribetes artísticos y materiales de calidad.


El abanico plegable fue inventado por un chino en el siglo VII inspirándose en el mecanismo del ala de un murciélago.

PARTES DEL ABANICO

Los abanicos poseen una nomenclatura específica para cada uno de sus componentes:

Baraja: Base rígida y plegable del abanico.
País: Tela que va adherida a la baraja. Los abanicos que no tienen país se denominan de baraja o simplemente barajas.
Varillas: Madera que puede ir calada o pintada.
Caberas: Primera y última varilla, más gruesas que el resto.
Calado: Agujeros realizados sobre las varillas.

HISTORIA

En Europa se conoce desde finales del siglo XV, fueron los portugueses quienes los trajeron desde China y Japón a través de las rutas comerciales de Oriente. Enseguida se popularizó extendiéndose por toda Europa, en un primer momento para damas de clase alta y luego para el resto de la sociedad.


En el siglo XVII llegó a tener la forma que tiene ahora siguiendo los caprichos de la moda y la inventiva de los miniaturistas introduciendo calados, relieves, incrustaciones y materiales preciosos. El costumbrismo es un motivo habitual en el diseño del ‘país’.


En el siglo XVIII se crea el Gremio de Abaniqueros y a principios del siglo XIX se funda la Real Fábrica de Abanicos. En un principio, el abanico fue de uso tanto del género femenino como masculino, llevando los hombres pequeños ejemplares en el bolsillo. Sin embargo, su utilización se vuelve exclusiva de las damas a principios del siglo XX llegando hasta nuestros días.


La dama del abanico, Velázquez

Al parecer estas llegaron a ser tan diestras en el uso de este artefacto que llegaron a inventar todo un "lenguaje del abanico" consistente en que según la posición en la que se situaba o el modo en como se le agarraba se estaba transmitiendo un tipo de mensaje u otro.


USO ALTERNATIVO

El abanico ha sido un instrumento eficaz para el coqueteo ya que estaba prohibido en público.

Cuando las damas eran acompañadas por su madre o señorita de compañía para velar por su buen comportamiento, el abanico se convirtió en un instrumento de comunicación de la dama para con el caballero.


Por eso se explica que, en tiempos de Luis XV, rey de Francia, la etiqueta prohibía a las damas de la corte abrir sus abanicos en presencia de la reina, a no ser que lo utilizaran como bandeja para ofrecerle algún presente.

Pero no sólo en Francia existían normas sobre el abanico. Hasta 1939, en la Corte de Inglaterra, fue obligatorio para las damas su uso en recepciones y actos oficiales.

EL LENGUAJE DEL ABANICO


Existían diferentes lenguajes del abanico pero todos ellos utilizaban como regla común la colocación del objeto en cuatro direcciones con cinco posiciones distintas en cada una de las cuatro. Con ese sistema se iban representando las letras del alfabeto.

Pero además de esa regla general, había ciertos gestos con significado ya conocido por todo el mundo, como pueden ser:

1. Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.

2. Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada, significa soy una señora casada y me eres indiferente. También si se abre y cierra muy despacio significa esto.

3. Cerrar despacio. Este cierre significa un "Sí". Si se abre y cierra rápidamente significa, "Cuidado, estoy comprometida".

4. Cerrar rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un "No".

5. Caer el abanico. Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.

6. Levantar los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que no te olvida.

7. Contar varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con nosotros.

8. Cubrirse del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.

9. Apoyarlo sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha significa "Si". Sobre la mejilla izquierda es "No".

10. Prestar el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir "Te despido, se acabó".

11. Dar un golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto, significa impaciencia.

12. Sujetar con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las dos manos, significa "es mejor que me olvides".

14. Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa "Te quiero". Si se cubre el rostro puede significar "Cuidado, nos vigilan.

15. Pasarlo por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos significa, Lo siento. Si cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir, "Cuando te puedo ver".

16. Abrir el abanico y mostrarlo. Significa, "Puedes esperarme".

17. Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico abierto, significa: Sígueme cuando me vaya.

18. A medio abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios quiere decir "Puede besarme".

19. Apoyar los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus padrones, significa desconfianza, "No me fío".

20. Pasarlo por la mejilla. Significa, "Soy casada".

21. Deslizarlo sobre los ojos. Significa: "Vete, por favor".

22. Mano izquierda. Llevarlo en la mano izquierda quiere decir: "Deseo conocerte". Moverlo con la mano izquierda significa: "Nos observan".

23. Mano derecha. Llevarlo o moverlo con la mano derecha, significa: "Amo a otro".

24. Pasarlo de una mano a otra. Significa, "Estás flirteando con otra" o "Eres un atrevido".

25. Girarlo con la mano derecha. Significa: "No me gustas".

26. Tocar la palma de la mano. Quiere decir: "Estoy pensando si te quiero".

27. Sobre el corazón. Apoyar el abanico abierto sobre el corazón o el pecho, quiere decir: "Te amo" o "Sufro por tu amor".

28. Darse en la mano izquierda. Darse un golpe con el abanico cerrado en la mano izquierda significa "Ámame".

29. Mirar dibujos. Mirar los dibujos del abanico, quiere decir: "Me gustas mucho".

30. Bajarlo a la altura del pecho. Significa: "Podemos ser amigos". También dejarlo colgado, quiere decir "Seremos amigos".

31. Cerrarlo sobre la mano izquierda. Quiere decir: "Me casaré contigo".

32. Saldré. Ponerse en el balcón con el abanico abierto o salir al balcón abanicándose. También entrar en el salón abanicándose.

33. No saldré. Dejarse el abanico cerrado en el balcón, salir al balcón con el abanico cerrado, o entrar en el salón con el abanico cerrado.

34. Arrojar el abanico. Quiere decir: "Te odio". o "Adiós, se acabó".

35. Presentarlo cerrado. Significa: "¿Me quieres?".

36. Sobre la oreja. La izquierda, "Déjame en paz no quiero saber nada de ti". La derecha, "No reveles nuestro secreto".

37. Contar o abrir cierto número de varillas. La hora para quedar en una cita, en función del número de varillas abiertas o "tocadas".

Fuentes: Wikipedia, todoabanicos.com y protocolo.org

Más sobre el tema: Abanicos de los siglos XVIII y XIX

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Re: Los abanicos

Mensaje  Lady Áyden Norwich el Miér Jun 09, 2010 10:15 am

¡Qué curioso Raisah! percisamente estudié la historia del abanico la semana pasada, ya que tengo un tema sobre La Compañía de Indias y era un objeto de lujo muy valorado por las cortes europeas. El lenguaje del abanico es de manual, ¡para que luego dijesen que en el s. XIX las damas no estudiaban y se dedicaban solo a la costura y a la metitación silenciosa!.

Gracias por el aporte. Es realmente interesante.

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Re: Los abanicos

Mensaje  Raisah el Miér Jun 09, 2010 10:35 am

¡Seguro que sabes más cosillas para ampliar! Very Happy
A mí es que me puede la curiosidad, y sólo tengo a mano internet ^^U

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Re: Los abanicos

Mensaje  Elizabeth Anne Montgomery el Miér Jun 16, 2010 3:14 pm

Neutral Casi, casi tenían que tener un master las pobres, menos mal que era algo común y continuamente utilizado pero, la de malentendidos que ha debido de haber por comprensiones equivocadas Laughing

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Abanicos del s. XVIII y XIX

Mensaje  Lady Áyden Norwich el Mar Oct 05, 2010 12:35 pm

Raisah escribió:¡Seguro que sabes más cosillas para ampliar!

Amplío un poco. Wink

El abanico ha sido llamado “cetro de la coquetería”, “arma de seducción” e incluso “biombo del pudor”, por haber un tiempo en el que, más que refrescar, traía aires hechos de susurros galantes y de retórica amorosa. Sin embargo, desde su nacimiento en la Antigüedad, su fin primordial el de mover el aire, lo ha convertido en un instrumento por naturaleza funcional destinado a espantar insectos, aventar el grano, avivar el fuego, proteger del sol y proporcionar frescor. A partir del siglo XVI se transformó en un accesorio fundamental de la moda, presente constantemente en la pintura retratística, pasando, en la centuria siguiente, a constituir todo un lenguaje de comunicación basado en un código de movimientos.

CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS

Según el material empleado, los abanicos pueden tener el mango de madera, marfil, hueso, concha o nácar principalmente. Las láminas o plisado suelen fabricarse de papel, tejido, encaje o de pieles finas, y puede estar decorado con pinturas, grabados o bordados. Las técnicas pictóricas más adecuadas son la acuarela, por sus colores transparentes y la aguada.



ABANICOS DEL S.XVIII

Con el apelativo de “La edad de Oro del abanico” ha sido calificado el siglo XVIII por todos los estudiosos del tema. Un período en el que España, como en el resto de la indumentaria, se sumará a la moda francesa, importando ejemplares de este país, sobre todo desde el advenimiento de los Borbones al trono. Algunos investigadores dividen esta centuria en tres períodos: los dos primeros, equivalentes a los reinados de Luis XV (1715-1774) y de Luis XVI (1774-92), y el tercero, correspondiente al estilo neoclásico.

A principios de siglo el abanico de baraja, también llamado brisé, será el protagonista. Confeccionado en marfil, se ilustrará con temas típicos en el Barroco: escenas mitológicas, históricas, bíblicas o teatrales, con frecuentes motivos de chinoiseries. Algunos ejemplares se importarán de China desde el puerto de Cantón.

A partir de 1735 imperará el estilo rococó, con predominio de los países de papel o piel con pinturas de escenas galantes, fiestas campestres e idilios pastoriles. Artistas como Watteau y François Boucher servirán de modelo e inspiración a los pintores de abanicos. A mediados del XVIII se pondrán de moda los abanicos-recuerdo, como consecuencia de la nueva costumbre europea de viajar a Italia para instruirse.



Hacia 1760 cambiará el gusto, produciéndose un interés hacia la Antigüedad clásica y una progresiva sencillez que serán reflejo de la moda del momento. El abanico reducirá su tamaño para poder llevarse en los pequeños bolsos de redecilla. Las varillas serán más estrechas y espaciadas, apareciendo el varillaje llamado “esqueleto”.



Al mismo tiempo, y sobre todo con la Revolución Francesa, se harán abanicos más populares, de madera barata y país de papel impreso con escenas políticas y actuales. Su bajo coste convertirá al abanico en un complemento accesible al gran público.

La importancia que alcanzó en esta época este delicado accesorio fue más allá de un simple capricho de la moda. No sólo era indicador de la nobleza de la dama que lo portaba, sino que se convertiría en un cómplice capaz de expresar su papel en la sociedad y sus encantos. De la habilidad para abrirlo o cerrarlo dependía la distinción de su propietaria. De este modo, se fue creando un lenguaje que permitiría a la mujer expresarse con libertad, algo difícil de conseguir en la época, y que, unido a la faceta de arma de seducción, favorecía la conversación galante y el juego amoroso. Pronto se extendería dicho accesorio a toda la sociedad convirtiéndose en un elemento imprescindible en el ajuar femenino.



Se consolida de esta forma el modelo de abanico de boda, regalo habitual de compromiso matrimonial. A finales del siglo XVIII el majismo lo incorporó como un elemento más a la imagen castiza, y a partir de entonces se considera un complemento típico de la mujer española.

ABANICOS DEL SIGLO XIX

La llegada del siglo XIX va a suponer una transformación considerable en la sociedad y por consiguiente en la fabricación y uso del abanico. Se va a originar una ampliación importante de la clientela de este accesorio, debido a la aparición y consolidación de la burguesía. Una nueva clase social, sin autonomía cultural, que tratará de emular los modos de la nobleza, pero que, a diferencia de ésta, interesada en el encargo y en la compra selectiva, se basará en la acumulación de objetos suntuarios.

A consecuencia de todo esto se producirá una banalización de los materiales y de los procesos de fabricación y una vulgarización de los repertorios decorativos.

Progresivamente se van a incorporar el hueso y la madera a las monturas y el papel, a los países. A los procedimientos de reproducción masiva –litografía, cromolitografía…- se unirán los sistemas mecánicos para la elaboración, decoración y montaje de las piezas. Se ocasiona de este modo una disminución de los precios y un incremento de la difusión de los abanicos.

Asimismo va a tener lugar una continua renovación de formas, decoraciones y tipologías (abanicos articulados, telescópicos, almanaques, de truco, autógrafos, fotográficos, con accesorios…). Al mismo tiempo se promueve una homogeneización del abanico, causada por la difusión a través de las revistas femeninas y de moda y las exposiciones.

Los fabricantes españoles no alcanzarán a cubrir la demanda durante el siglo XIX, siendo fundamentales las importaciones sobre todo de Francia, China y Japón.

A partir de la década de los veinte surgirán las primeras iniciativas empresariales en nuestro país, tanto de franceses que establecen aquí sucursales (Simonet o Fernando Coustelier), como de fabricantes españoles (Rafael Mitjana, en Málaga; Casa de Diego, en Madrid; y Pujol y Mateu, Antonio Pascual y Abad, Francisco Martí y José Colomina, en Valencia.) Esta ciudad se convertirá en poco tiempo en uno de los centros productores más importantes de Europa.

A pesar de la estandarización de los modelos y de la ausencia de un gusto distintivo de la época, podemos observar cómo se suceden, en ocasiones solapados, diferentes ciclos en los abanicos decimonónicos. El primero, heredero del siglo anterior y reflejo de la sencillez de la moda femenina, es el estilo imperio. Se caracteriza por una sobriedad manifestada en abanicos de pequeño tamaño -por lo que serán llamados “imperceptibles”-, en un varillaje recto y estrecho y en unos países de gasa y lentejuelas más desarrollados.

Coincidiendo con la regencia de María Cristina (1833-1843), se va a producir una evolución hacia un estilo más romántico que llevará su nombre. Entre los temas, se retomarán la Edad Media, la vida cotidiana y la popular, resultando comunes los acontecimientos políticos o conmemoraciones como la Guerra de la Independencia, la Constitución de 1812, el Trienio Liberal o la boda de Fernando VII y María Cristina. Serán características las isletas centrales propias del jardín inglés, con el gusto por el agua, los templetes, las ruinas y el paisaje. Las escenas, más amplias y abigarradas, y enmarcadas por orlas de motivos vegetales y florales, van a necesitar abanicos más grandes y con mayor vuelo.

A partir de los años cuarenta las varillas y guardas tendrán formas más complicadas (lobuladas, mixtilíneas…), con una decoración más recargada.



Desde 1850 el gusto burgués intensificará la tendencia historicista, el eclecticismo y el afán por lo exótico; es el llamado estilo isabelino. La inspiración más habitual de los abanicos de esta época será el setecientos, sobre todo en los ricos varillajes con fuentes mucho más desarrolladas, trabajadas y de formas bulbosas y complejas. Resultan típicos los de nácar calado, dorado y con decoración de pointillé, así como los de hueso con profusa labor de piqué. Se recuperan los motivos ornamentales a la manera de las chinoiseries dieciochescas, las escenas clásicas, las de tipo galante -muchas veces con anacronismos en la indumentaria de los personajes-, las vistas de paisajes reales o de tono medievalizante, junto con acontecimientos del momento. Dichas representaciones, a veces organizadas en viñetas, se disponen en países más estrechos, lo que se verá compensado por un mayor tamaño del abanico. Este crecimiento desembocará en los llamados “pericones”.



En las últimas décadas del siglo se reaccionará frente a ese recargamiento entre la burguesía más ilustrada, deseosa de objetos únicos e inimitables como sello de diferenciación y exclusividad, lo que provocará que la producción se separe en dos sectores: los abanicos de calidad y lujo, por un lado, y los populares, por otro.

BIBLIOGRAFÍA
María Redondo Solance: Pieza del mes (junio 2005). Texto íntegro: http://museodeltraje.mcu.es/popups/06-2005pieza

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Re: Los abanicos

Mensaje  Ariadne de Baskerville el Mar Oct 05, 2010 1:25 pm

Muchas gracias Ayden, ha sido muy ilustrador...

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Re: Los abanicos

Mensaje  Allegra el Sáb Oct 30, 2010 10:23 am

¡Que post más interesante!
¡Sois toda una fuente de conocimientos, chicas!
Estoy de acuerdo con Lady Elizabeth, vaya cabeza hay que tener para no errar en el lenguaje...
Siempre me han fascinado los abanicos, mi abuela era toda una maestra del arte, así que cómo no, ya tengo nuevo reto... voy a intentar aprender unas cuantas expresiones "abaniquescas", puede ser divertidísimo comunicarnos así xD

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